miércoles, febrero 02, 2005

La ‘secta’ católica

El catolicismo tiene los días contados. Los imparables avances de la ciencia, el agresivo laicismo de los poderes públicos y el alargamiento de la esperanza de vida reducen año tras año el número de creyentes, que parece destinado a convertirse en una minoría más o menos irrelevante en todo el mundo. La Iglesia, además, retrocede ante una espiritualidad más subjetiva, al margen de la religión organizada.

Todo lo que acabo de escribir es mentira. De hecho, la Iglesia, lejos de reducirse en número en todo el mundo, creció el año pasado en quince millones de miembros. Si esta noticia le sorprende es porque casi todos los medios de comunicación de masas en Occidente parecen complacerse en reflejar y transmitir la falsa idea del párrafo con el que he empezado.

No pretendo que ésta sea una columna triunfalista. La verdad no es cuestión de número o de mayorías, no se vota. El cristianismo es tan cierto ahora, con 1.086 millones de fieles y dos mil años de santos y desarrollo doctrinal como cuando eran sólo un puñado de galileos incultos y desconcertados en un oscuro rincón del Imperio Romano.

Alguna vez se ha hablado en las páginas de ALBA de la soberbia cronológica, es decir, el hábito de pensar que la época que vivimos es de algún modo la cúspide de los tiempos, un lugar privilegiado desde donde juzgar el pasado y el futuro. Pues bien, también existe una soberbia geográfica, un 'ombliguismo' territorial que nos lleva a pensar que lo que ocurre aquí -en España, en Europa, en Occidente- es lo que importa, que los que nos sucede es lo que sucede, y que las tendencias que nos afectan son tendencias universales.

Este ombliguismo occidental es históricamente comprensible: Occidente ha sido durante siglos el motor de la creatividad cultural, ideológica y tecnológica mundial, exportando su modelo de civilización a todo el Planeta, gracias, sobre todo, a las famosas -y omitidas- raíces cristianas de Europa. Pero si es indudable que la Iglesia tiene sus raíces en Occidente, su vocación es universal -que eso significa "católico"- y sus frutos se extienden por toda la Tierra.

Pero es que, además, hay síntomas de que es Occidente el que ahora vive en una burbuja. El laicismo imperante -entendido como el arrinconamiento de la fe a la esfera meramente privada, a su desaparición de la vida pública- se está revelando como un camino sin salida. No se trata de que sea peor o mejor; sencillamente, es invivible.

Los ejemplos abundan. Basta echar un vistazo a las películas que han arrasado en los premios Goya o las nominadas a los Oscar para advertir las manifestaciones de una civilización que ha dejado de creer en sí misma y en la vida, una cultura que recurre cada vez más a la muerte como panacea de todo tipo de problemas. Los catorce galardones obtenidos por el panegírico proeutanasia Mar adentro y las numerosas estatuillas que previsiblemente obtendrá en Estados Unidos Million Dollar Baby, la película de Clint Eastwood en que el compasivo homicida de una boxeadora minusválida es su propio padre, hablan de una civilización en punto muerto.

1 Comments:

Blogger Carol said...

¡Muy buen blog! felicidades.

12:02 p. m.  

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